Procrastination2

Hágase un favor y no deje para mañana lo que pueda hacer hoy. Esta es la forma castiza de indicar que procrastinar suele dar mal resultado. Procrastinar significa aplazar, y constituye el problema de disciplina y organización del tiempo más grave de cuantos afectan a un trabajador.
Las razones para aplazar la realización de determinadas tareas, casi siempre complejas y/o aburridas, son sencillas. No nos satisfacen, así que las cambiamos por algo que nos genere un poquito de felicidad; nos permite engañar nuestra mala conciencia, con la idea peregrina de que seremos más eficaces más tarde (por ejemplo, después de tomar un café); y a veces la tarea aplazada genera temor. Para ser franco, hay llamadas telefónicas y listas de precios que aterran. Por supuesto aplazar tareas tiene consecuencias, sobre todo una. La mala conciencia, es decir, los remordimientos; en definitiva una lastimosa sensación de culpabilidad. Es casi tan lacerante como el miedo y amenaza seriamente la eficacia y autoestima en el trabajo. No es cosa de risa, por tanto, cuando se convierte en la norma y no en una excepción.
Y como todos los problemas, tiene solución: autodisciplina. Si está usted sonriendo, es que sigue atento a la lectura. Es cierto. Afirmar que la solución es la disciplina es como asegurar que el fin de la sequía es el agua. ¿Y dónde conseguimos el agua? Por suerte para usted no está lejos. Adquirir disciplina no exige pasar por La Legión. Es suficiente con seguir varios pasos.
1. En primer lugar, intente averiguar cuál es la razón por la que aplaza una tarea. Solo hay dos posibles explicaciones. O el problema le disgusta, o no sabe cómo resolverlo.
2. Una vez conocido el origen del problema, impóngase un calendario de trabajo; con hitos y fechas concretos que permitan alcanzar el objetivo. Suele resultar de ayuda dividir la tarea en porciones y poner límites de tiempo a cada una de ellas. Si el origen del aplazamiento está en la falta de conocimiento, este sistema también funciona. Le obligará a pedir ayuda.
3. Una vez calmado el espíritu con un calendario de trabajo razonable que colme la necesidad humana de sentir que se progresa, le aconsejamos que incremente si puede el premio por realizar el trabajo. Si la tarea es difícil y además no es previsible obtener un resultado a corto plazo, la mente humana tiende a relajar su sentido de la impaciencia. La única forma de romper este esquema es premiarse a medida que avanza el proceso. Recuerde, cada vez que termine una porción de su tarea, dese un respiro, que puede consistir en un café, una galleta o un paseo al aire libre.
4. Pida ayuda. Incluso si sabe cómo realizar la tarea, es probable que la colaboración de otra persona reduzca la sensación de impotencia que acompaña al aplazamiento. El simple hecho de que alguien vaya a revisar su trabajo le incitará a seguir adelante y a tiempo.
5. Y por último, y para evitar aplazamiento futuros, habitúese. Lo bueno de procrastinar es que como problema tiene solución. Dedique unos minutos al día a revisar las tareas más estresantes y apunte sus progresos. Este simple gesto permite visualizar los avances y aumentar la autoestima. Será usted alguien en quien confiar, sencillamente porque cuando le toca hacer algo, lo hace.

Ángel Pérez. CEO de COMEX
Expertos en desarrollo de negocios

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