Pep Esteva y los emblemáticos escaparates de The Outpost

Situada en la calle Rosselló 281, frente a la Casa de les Punxes y cerca del cruce de Passeig de Gràcia con Diagonal, la tienda de complementos de hombre The Outpost se inauguró en abril de 2008. Una cuidada selección de marcas y productos exclusivos la convirtió rápidamente en un comercio de referencia en el sector. Y el ingenio de sus escaparates la ha hecho destacar en el paisaje urbano de Barcelona.

Su propietario, Pep Esteva, vivió en Milán desde 1987 hasta 2007, allí trabajó como responsable comercial de Romeo Gigli y Prada. La nostalgia le trajo de vuelta a la capital catalana, empezando así una nueva aventura profesional. Con él hablamos sobre el escaparatismo de The Outpost, una ventana al lujo, al diseño y a la vanguardia en moda masculina.

¿Cómo surgió la idea de crear pequeñas escenografías en tus escaparates?
Es verdad, los escaparates pueden ser pequeños mundos. Cuando Pilar Líbano me mostró el proyecto de la fachada de la tienda con las dos puertas y el escaparate en el centro, me gustó al instante. Lo vi, y sigo viéndolo, precioso. En su momento, sólo le había comentado que no me gustaban las tiendas con los escaparates de techo a suelo y que lo quería alzado. El trabajo de Pilar fue de diez sobre diez, siempre se lo he dicho. Creo que, en mi caso, es evidente que el continente hace que se luzca más el contenido. Las medidas de altura, anchura y profundidad son perfectas para una tienda como The Outpost, dedicada a zapatos y accesorios para hombre. Además, hay dos pequeños escaparates laterales que completan perfectamente la posibilidad de crear fantasía en el central.

Los cambias con mucha frecuencia, ¿es por motivos comerciales, creativos o una mezcla de ambas cosas?
Lo hago porque disfruto. Cuando vivía en Milán y entré a trabajar en Romeo Gigli, descubrí una estética preciosa que no conocía. Aprendí muchísimo. En particular, descubrí la importancia de lo sencillo. Luego en Prada, también. Su sentido de la estética es primordial, decisivo, en tiendas, escaparates, showrooms, desfiles…

¿Cuáles son tus fuentes de inspiración? ¿Concibes los escaparates como escenografías teatrales?, ¿o es tu gusto por la estética y la moda lo que te lleva a crearlos?
Eso va sólo, de verdad. En los últimos tres años, desde que Petrus entró a trabajar en la tienda, los escaparates se han ido sofisticando. Es muy manitas y preciso. Le gusta darles un acabado profesional. En ocasiones, le digo: “Celo de doble cara, ¿no?”. Y él me contesta enfáticamente: “¡No!”. A Petrus también le encanta el escaparatismo, así que es perfecto. Lo hablamos y lo hacemos.

El presupuesto destinado a ellos es muy reducido. ¿Dónde encuentras los materiales?
Sí, siempre he intentado gastar lo mínimo de lo mínimo. Muchos de los escaparates se han hecho con cosas encontradas, otros con objetos aprovechados y, si se compran materiales, ajustamos el gasto lo máximo posible.

¿Sueles hacer un boceto previo antes de seleccionar los materiales?
A veces sí hacemos un boceto, pero es para ver si la idea que tenemos encaja o no en las medidas del escaparate. Sin embargo, la mayoría de las veces empezamos sin saber el resultado final.

Este despliegue de creatividad en los escaparates es una de las señas de identidad de la tienda. Es fácil imaginar que, además, es un modo de atraer clientes y despertar el interés de los medios especializados tanto nacionales como internacionales…
Sí, pero todo eso ha venido solo. Es cierto que, desde el primer día, he conseguido que la gente se dé cuenta de que allí hay una tienda diferente. La selección de marcas y todo lo que está a la venta está elegido con mucha atención. Me ha gustado siempre y, si he acertado, me ha gustado más. Unos escaparates salen mejor que otros. Cuando los terminamos y hago una foto digo: “Éste gustará, éste pasará más desapercibido, éste lo podríamos haber hecho mejor”. Aunque no siempre acierto, lo bueno es que le he cogido el ritmo y lo de cambiarlos cada dos o tres semanas me gusta.

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Me parece un lujo poder tener un escaparate The OUTPOST en una tienda, son un derroche de creatividad y profesionalidad sin límites, me encanta y a los transeuntes de este precioso lugar también, gracias por hacer cosas bonitas.

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