¿Qué es la slow fashion?

Moda ética, moda sostenible y slow fashion
Con frecuencia conceptos como moda ética, moda sostenible y slow fashion se confunden o utilizan indistintamente, esto se debe a que muchas de las ideas que defienden se solapan. ¿Cuáles son las diferencias?

Cuando hablamos de moda ética nos referimos a un sistema de producción textil que aboga por los derechos humanos y de los animales. Esto significa garantizar que las condiciones de trabajo en las fábricas sean óptimas y los sueldos justos; asimismo, supone censurar el trabajo infantil y la explotación laboral.

La moda sostenible, por su parte, trata de reducir el impacto medioambiental de los procesos de fabricación. Se utilizan fibras y materiales orgánicos, reciclados o reutilizados, además de disminuir el consumo de energía y agua o la utilización de químicos.

Este compromiso social, por un lado, y ecológico, por el otro, define el movimiento de la slow fashion, al que se suma un tercer componente: el consumo responsable. Para ello, promueve invertir en prendas de calidad y larga duración, en lugar de en prendas baratas, sin calidad, diseñadas para usar y tirar.

El factor social

En 2013, el derrumbe de la fábrica textil en Bangladesh puso en evidencia las malas prácticas del sector: condiciones laborales ínfimas y falta de seguridad. Para reducir los costes de producción y ofrecer precios competitivos, las grandes empresas occidentales que exportaban sus productos con la etiqueta “Made in Bangladesh” estaban vulnerando los derechos de sus trabajadores. Este episodio significó un punto de inflexión: la sociedad empezó a tomar conciencia. Y así nació la Slow Fashion Revolution, consagrada a la lucha contra la explotación laboral y la defensa de un sistema ético para los trabajadores.

El factor medioambiental

La industria de la moda es la segunda más contaminante. Para combatir esta realidad, la slow fashion rechaza la producción masiva de prendas y promueve el uso de materiales sostenibles y reciclables como el algodón orgánico, el cáñamo o el tencel. Sin embargo, no sólo se incide en la elección de las materias primas. El objetivo es alcanzar un modelo de sostenibilidad en todo el ciclo vital del producto: manufactura, distribución, consumo y final de vida. En resumen, esto representa no sólo fabricar de manera ecológica, sino también fomentar el comercio local rebajando las emisiones contaminantes en la distribución, desacelerar el ritmo de consumo y convertir el reciclaje o la reutilización en el eslabón final de la cadena.

Zapatillas veganas

Evitar el sufrimiento y la explotación animal es uno de los objetivos de la slow fashion. Por eso, muchas marcas apuestan por materiales sostenibles que, además, no son de origen animal.

Firmas españolas como Slowers, Natural World, Step by Store, Bosanova, Ecoalf o Flamingos’ life, entre otras, son prueba de ello. En el ámbito internacional, Adidas, en colaboración con Stella McCartney, sacó al mercado unas deportivas veganas, al igual que la emblemática marca Vans o la brasileña Veja.

¿Cómo saber si un calzado es vegano? En su etiqueta figurará que no contiene cuero, lana, seda, casimir o plumas. En su lugar, estará fabricado con otros textiles o materiales como el algodón, la lona o el plástico reciclado.

Los hábitos de consumo

Como apuntábamos con anterioridad, este movimiento apela también al consumidor. Es necesario comprar menos y con menos frecuencia. Y, en consecuencia, transformar nuestra relación con la moda: elegir prendas clásicas y atemporales, de calidad y duraderas para reducir el porcentaje global de residuos textiles. Como resultado, crearemos un estilo más personal, alejado de las últimas tendencias que pasaran de moda al poco de haber salido. De igual modo, elegir el comercio de proximidad y los pequeños negocios facilitará un sistema de distribución más ecológico.

Una filosofía de vida

Para la profesora del Centre for Sustainable Fashion, Kate Fletcher, que acuñó el término en 2007, “la slow fashion tiene que ver con diseñar, producir, consumir y vivir mejor. No se basa en el tiempo sino en la calidad (la cual, a su vez, tiene elementos temporales). Slow o lento no es lo contrario de fast o rápido (no hay dualismo); es un modo de tomar conciencia del impacto de los productos en los trabajadores, las comunidades y los ecosistemas… que afecta a diseñadores, clientes, minoristas y consumidores. La slow fashion tiene que ver con la posibilidad de elegir, con la información, la diversidad cultural y la identidad; pero sobre todo es sinónimo de equilibrio. Requiere de un cambio rápido e imaginativo y de una expresión simbólica (relativa a la moda), así como de productos duraderos, de calidad y atractivos a largo plazo.”

En definitiva, estamos hablando de innovación, de responsabilidad social y compromiso ecológico, ya que la slow fashion es un modo de contribuir a la economía circular para mejorar nuestra calidad de vida.

Slow Fashion Next, la plataforma de la moda ética y sostenible

Una de las impulsoras de la slow fashion en nuestro país es Gema Gómez, fundadora de Slow Fashion Next. Esta plataforma ofrece información y cursos sobre moda sostenible, además de un directorio donde se puede consultar qué marcas son responsables con el medioambiente.

“Es cierto que las grandes empresas textiles empiezan a preocuparse por utilizar menos químicos, menos materiales e, incluso, menos personal. Pero esto no significa ser más sostenible, sino ser más eficientes. Para alcanzar la sostenibilidad es necesaria una regeneración optando por unos materiales y una producción de proximidad y poniendo el foco en aportar soluciones al impacto negativo que ya se ha generado en el planeta”, explica Gema Gómez en El País.

Leave a comment